El más-menos es una de las estadísticas más citadas y más malinterpretadas del básquet. Mide la diferencia de puntos entre su equipo y el rival mientras ese jugador estuvo en juego, y parece una forma sencilla de medir el impacto.
Los límites del más-menos
El problema es que el más-menos depende de quiénes acompañan al jugador y de quiénes lo enfrentan. Un jugador que comparte cancha con las figuras suele mostrar cifras mejores, sin que eso refleje solo su aporte. La cifra mezcla el rendimiento individual con el contexto.
Además, se calcula sobre pocos minutos y pocas posesiones, de modo que en un solo partido varía muchísimo. Tres minutos de racha pueden cambiar el signo de toda la cifra. Solo en muestras largas el más-menos se vuelve algo más confiable.
Existen versiones ajustadas, que intentan descontar el efecto de los compañeros y los rivales. Son modelos con supuestos propios, y distintas fuentes pueden dar valores distintos. En un seguimiento sencillo como el de la
plataforma SafeCasino Argentina, se puede ver el más-menos de cada jugador en el resumen, y conviene tratarlo como un dato más.
Cómo usarlo con cuidado
Lo recomendable es mirar el más-menos junto con los minutos, el rol del jugador y los otros indicadores. Si todo apunta en la misma dirección, la lectura gana peso. Si solo el más-menos lo sugiere, es mejor esperar.
Una forma sencilla de ponerlo a prueba es mirar el más-menos de un jugador en varios partidos y ver cuánto cambia. Cuando salta de positivo a negativo sin razón clara, es mejor no confiar en un solo valor. Esa variación, que cualquiera puede observar, es la mejor demostración de por qué conviene la prudencia.

Si se siguen mercados de apuestas, un número individual llamativo puede dar una falsa sensación de certeza. Fijar antes un presupuesto, un tiempo de seguimiento y pausas regulares es más útil que confiar en un solo dato.
El más-menos es una pista sobre lo que pasó en la cancha, no una medida definitiva del valor de un jugador. Entender sus límites es parte de usarlo bien.